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BUSCANDO LA PROFESIONALIZACIÓN

El número de mujeres deportistas sigue siendo menor que el de los hombres. Partiendo de esta base no es difícil deducir que la visión y repercusión mediática de los deportes femeninos es menor que la de los masculino.

 

Unas de las vallas a superar por las deportistas que quieren llegar a lo más alto es la percepción del deporte femenino como algo de menor importancia. Una parte considerable de esta idiosincrasia latente viene lastrada por el desenvolvimiento histórico de la profesionalización del deporte. Con ejemplos claros en eventos como los juegos olímpicos, hijos de su tiempo y, por tanto, machistas en sus orígenes.

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La profesionalización del deporte femenino es aún un fenómeno reciente. Tanto es así que no sería hasta el 15 de junio de 2021, con la aprobación del Consejo Superior de Deportes (CSD), que el fútbol femenino tendría, al fin, el reconocimiento profesional. Hasta ese momento, según la Ley del Deporte de 1990, solo eran profesionales las primeras categorías masculinas de fútbol y baloncesto y la segunda categoría masculina de fútbol.

Pese a todo, cada vez hay más campañas para visibilizar y poner en valor el deporte femenino. Ejemplos de esto son la colaboración de La Xunta con la escuela Vero Boquete  para el fomento de la igualdad entre hombres y mujeres, o el impulso al programa Xogade, que busca aunar la oferta lúdica y deportiva desde la óptica de la participación mixta.

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